El embarazo, explicado en forma coloquial, es el producto del matrimonio de un óvulo con un espermatozoide. La naturaleza hace lo indecible para que los espermatozoides menos aptos lleguen hasta el óvulo, de tal manera que de unos 100 millones que son depositados en la vagina, sólo en el orden de los cien miles llegan al fondo del útero y de los diez miles al final de la trompa.
El transito del espermatozoide es toda una odisea llena de obstáculos, donde sólo los más aptos son los que llegan al final de la trompa. Al llegar a donde está el óvulo, la situación se pone aún más difícil porque el óvulo está rodeado de una serie de células que hacen lo indecible para evitar la entrada de los espermatozoides. Es una forma que tiene la naturaleza de hacer que sólo el mejor ,sea el que tenga el privilegio de penetrar al óvulo.
El matrimonio suele ocurrir en la parte distal de la trompa, cuando el escogido logra penetrar dentro del óvulo donde libera su carga genética de 23 cromosomas, que junto con los 23 cromosomas del óvulo van a dar vida a un nuevo, ser totalmente diferente, con un DNA que es particular para ese individuo.
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A pesar de lo complejo de la reproducción del ser humano, el espermatozoide lleva entregando con éxito su carga genética dentro del óvulo en los últimos 3 millones de años, siendo el ser humano la especie que mejor ha logrado sobrevivir en el tiempo.
La “luna de miel” ocurre en la misma trompa y en los siguientes cuatro días recorren los 12-14 cm en dirección a su próxima morada en el útero. Al quinto día el embrión llega a la cavidad uterina y hacia el sexto-séptimo día se implanta en el endometrio, que es el colchón que ha estado preparando el útero para recibirlo. Luego de 280 días de vida intrauterina el feto es expulsado y se muda para la casa de los padres y, con suerte, se pueden deshacer de él o ella a los 25 años de edad.
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