La cesárea consiste en la extracción por vía abdominal de un feto, vivo o muerto, con la placenta y sus membranas a través de una incisión hecha en el abdomen y el útero. A finales del siglo pasado, poco se podía hacer por la mujer cuando el parto vaginal no se podía llevar a cabo porque la cesárea era la más letal de las intervenciones quirúrgicas. Con el desarrollo y perfeccionamiento de las técnicas quirúrgicas y los antibióticos con lo que se cuenta actualmente, la práctica de la cesárea se ha hecho una de las intervenciones más frecuentes en el mundo occidental.
En los últimos treinta años se ha producido una tendencia mundial al aumento de la operación cesárea. Antes de 1960, la frecuencia de cesárea era inferior al 5%; en la actualidad, la frecuencia oscila entre un 20 a 25% en los servicios públicos de salud y mayor al 50% en el sistema privado. En algunos centros privados, sobre todo los que realizan técnicas de reproducción asistida en pacientes infértiles, que han pasado muchos años en lograr un embarazo la incidencia supera el 80%.
Diversas son las razones para explicar este aumento. Por un lado, el perfeccionamiento de las condiciones quirúrgicas y de anestesia; por otro, la influencia de razones ajenas al enfoque estrictamente médico, como problemas médico legales y presión de la paciente por un parto programado. Cada vez es más frecuente tener que hacer una cesárea por solicitud de la pareja, de hecho en muchos países desarrollados ahora se acepta la indicación de cesárea por petición.
La cesárea moderna se hace en la parte más baja del abdomen y en forma transversal, de tal manera que no deja una cicatriz visible al uso del bikini. Los avances en anestesia y analgesia postoperatoria hacen que el postoperatorio sea materialmente indoloro.
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