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  SEXUALIDAD

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Segundo trimestre
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Puerperio
Recomendaciones Generales

 


SEGUNDO TRIMESTRE

 

En el plano psicológico, el segundo trimestre es un período de relativo sosiego y confianza. La mayoría de las mujeres se han acostumbrado a la idea de su estado y se sienten más animadas que en los primeros meses porque la mayoría de los síntomas propios del primer trimestre desaparecen. Una compensación placentera propia de esta fase es el incremento de la sensualidad y no es insólito que algunas mujeres tengan sus primeros orgasmos en este período.

Los cambios de este período tienen las mismas características que las del primer trimestre, pero son más las mujeres que manifiestan un aumento en el deseo. En estos meses de embarazo han desaparecido la mayoría de las molestias que caracterizan el primer trimestre y para las mujeres que las sufrían, ello redunda en un mayor bienestar. Por otra parte, al disminuir el temor de perder el feto, ambos miembros de la pareja se muestran más cómodos y felices. Sin embargo, la percepción de los primeros movimientos del niño provoca a algunas personas un nuevo temor del daño que puede ocasionar el coito al feto.

Con la perspectiva del alumbramiento todavía lejana, a menudo el padre se siente impedido de participar más estrechamente de la situación que crea el embarazo en este segundo trimestre.

 

 

Puede tener dificultad en adaptarse a los cambios físicos del cuerpo de su pareja. Lo más seguro es que cuando sienta como el niño se mueve en el útero de su pareja, tenga una mayor sensación de contacto y de que el niño está realmente allí. Por otro lado, la renovada energía y vitalidad de su compañera es tranquilizadora y da ocasión para que pasen más tiempo juntos. Por lo general, el padre ya no tiene los temores sobre la supuesta fragilidad de la criatura durante el primer trimestre (masters y col, 1987).

 

 

TERCER TRIMESTRE

 

El final del último trimestre puede ser un período de malestar y de incomodidad. Cada nuevo día parece más largo que el anterior y, con frecuencia, la mujer se desvela buscando una posición más confortable o la despiertan los movimientos del feto o la necesidad imperiosa de micción. Las energías de la madre son escasas y la irritabilidad bastante acentuada. Si es el primer embarazo, es probable que se inquiete por los dolores y vicisitudes del parto y, con frecuencia, le preocupa que su hijo no sea normal.

En ocasiones la madre experimenta una mengua en la propia estima porque, a estas alturas, tiene la sensación de estar a merced del ser que lleva en su seno y está condicionada a las exigencias de un cuerpo que no le parece enteramente suyo. La disminución del deseo en esta última etapa del embarazo es muy frecuente: un 5% presenta un aumento en el deseo sexual, un 40% dice que el deseo es el mismo de siempre y más del 50%  se queja de una disminución o ausencia del mismo.

El último trimestre no deja de ser un período difícil para el padre, debido a que los cambios en la figura y las molestias físicas de su pareja hacen que no se sienta sexualmente atraído por ella. Masters y Johnson observaron que, por las razones antes dichas, el último trimestre es una época en que a veces los hombres buscan contactos extramatrimoniales.

Los varones se sienten distanciados también por otras razones. Así, en ocasiones, la gestante se muestra más apegada a su madre durante el embarazo; hablan y pasan más tiempo juntas a medida que se aproxima la fecha del nacimiento.

 

 

 

Otras veces, la relación de la mujer embarazada con su médico contribuye a que el marido se sienta relegado. Por todo ello la vida social, los pasatiempos comunes y los pequeños avatares de la vida cotidiana, dejan de ser lo que eran antes y se comprende que el marido desee, fervientemente, que todo vuelva a la normalidad. Sin embargo, la mayoría de los hombres se sienten más unidos con su pareja y aumentan la fidelidad y la gratitud hacia la esposa o compañera que se halla en una avanzada fase de gestación.

Por lo común, el hombre se alegra de no ser él quien pase por ese estado de buena esperanza y se preocupa de que su pareja se encuentre cómoda. Cuando se ha previsto que el nacimiento tenga lugar en una clínica y no en la casa, expresa su nerviosismo para cuando llegue el momento en que sea preciso trasladarla al hospital. Si es el primer hijo y el hombre solicita estar presente en el parto, se suele mostrar reticente y tener dudas de si en la clínica se sabrán comportar y estar a la altura de sus expectativas.

 

 

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