La infección de citomegalovirus (CMV) es una infección viral común que por lo general no produce síntomas en los niños y adultos infectados. Es producida por un virus de la familia de del virus del herpes y es más común en los niños pequeños. Se transmite por fluidos corporales infectado como saliva, orina, sangre, mucosidades y el semen, por lo que es una enfermedad de transmisión sexual no exclusiva. Se estima que a la edad de 30 años más de la mitad de la población ya ha sido infectada. Sólo 1 de cada 1.000 bebés infectados tiene síntomas de la infección al nacer, de ellos el 20% muere y el 90% presenta defectos neurológicos graves.
Cuando una mujer embarazada se infecta con el virus este puede pasar al feto, sobre todo durante las primeras 20 semanas de gestación, y provocar retraso mental, sordera y ceguera. El CMV es una de las principales causas de pérdida de la audición e inclusive la muerte. La transmisión durante el parto o la lactancia es poco probable que ocasionen lesiones importantes. El diagnóstico se puede sospechar cuando la madre adquiere una infección que se parece a una mononucleosis y se puede demostrar por la presencia de anticuerpos

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