El ciclo menstrual es el período que va desde el primer día de una regla hasta el primer día de la siguiente menstruación. Durante todo el ciclo se liberan una serie de hormonas de la hipófisis que inducen la ovulación y se producen otra serie de hormonas en el ovario que inducen cambios en diversas partes del cuerpo, en especial en el cuello del útero y el endometrio, que favorecen el proceso de fertilización y anidación.
La duración del ciclo menstrual varía de una mujer a otra y se considera normal un ciclo que varia entre 25 y 35 días. El ciclo más frecuente es el de 28 días, que es un ritmo similar al de las fases de la luna, que se manifiestan 13 veces al año (28 días x 13 = 364 días = 1 año aproximadamente). Esta coincidencia llevo a la idea que el ciclo menstrual estaba asociado directamente con el ciclo lunar y por esta supuesta relación con el astro de la noche, en algunas culturas, las menstruaciones se denominaron "lunas". Los creyentes llegaron incluso a la errónea suposición de que la luna nueva era motivo de la regla en las mujeres vírgenes y la luna menguante en las adultas y casadas.
Otros pueblos "primitivos" han asociado también la Luna a las menstruaciones. Los nativos del estrecho de Torres, en Papua, creen que la primera regla de la mujer se produce porque cierta noche la Luna adopta la forma de hombre y posee a una mujer virgen; la menstruación sería, por tanto, el resultado de una herida infringida por el miembro masculino de esta imagen lunar. Explican la desaparición de las reglas durante el embarazo de una forma similar: durante este periodo la Luna no se cobraría su tributo mensual porque las relaciones sexuales podrían perjudicar al feto.
Para las tribus del el sur de Australia, el causante de la menstruación era un bicho que arañaba la vagina y hacía correr la sangre.
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Desnuda con la luna de Yoshiro Tachibana
Diversos indios mexicanos la atribuían a la mordedura de un lagarto, aunque el animal al que más se ha recurrido para explicar este sangrado ha sido la serpiente, animal de simbología clásicamente fálica.
Muchas tribus brasileñas estaban convencidas de que si las muchachas de doce o trece años se internaban solas en los bosques, podían ser asaltadas sexualmente por las serpientes; creencia similar existía entre pueblos bolivianos en los que salían luego a cazarlas y matarlas.
Los indios sioux americanos atribuían las reglas a la modedura de una pequeña serpiente de las praderas, pero ellos no mataban a la serpiente pues pensaban que su relación con las mujeres las hacía beneficiosas para la humanidad, incluso cuando las mujeres llegaban a la pubertad y no habían menstruado optaban por dejarlas varias noches en el campo, cerca de donde vivían estas serpientes. En algunas tribus de Africa del Sur, si a las mujeres se les retrasaba la menarquia, frotaban sus genitales con la cola de un ídolo de barro cocido con forma de serpiente.
Otros pueblos pensaban que la mujer se encontraba poseída por un demonio en determinados períodos de su vida, lo que se demostraría por la hemorragia que sufren mensualmente. Con esta idea los vaupés brasileños molían a palos a la púber hasta que se desmayaba cuatro veces seguidas porque consideraban que los malos espíritus introducidos en su cuerpo eran reacios a partir. Estos actos, que se podrían considerar como de sadismo no son nada en realidad comparados con los de la Guayana francesa, donde les aplicaban a las menstruantes de forma extraordinaria y por la misma razón un terrible suplicio mediante feroces hormigas.
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