Para evitar las infecciones del tracto genital interno, el organismo cuenta con una serie de mecanismos de defensa contra infecciones que hemos llamado líneas de defensa.
Primera línea de defensa
Todas las estructuras genitales internas están localizadas en una zona libre de bacterias. En condiciones normales, sólo existen bacterias en vagina, que están controlados por una serie de “soldados celulares” que viven en el cuello del útero.
Los soldados, impiden la entrada de los posibles invasores dentro de la cavidad uterina desde donde, eventualmente, pudieran llegar a las estructuras genitales internas y la pelvis. Cuando existe una disminución de las defensas o un aumento de la agresividad de los invasores, las bacterias pueden penetrar en los genitales internos.
En general, cualquier bacteria patógena puede infectar las trompas, pero las más frecuentes son la Neisseria gonorrhoeae, agente productor de la gonorrea y la Chlamydia trachomatis, agente productor de la clamidiasis.
En la seccón DE MUJER – ETS se hace una descripción detallada de ambas infecciones. Cuando estas bacterias ganan la “batalla cervical” y penetran dentro del útero, se pueden infectar todas las estructuras internas.
- Endometrio (endometritis).
- Infección de las paredes del útero (metritis).
- Si la infección atraviesa las paredes del útero, se produce una infección del tejido conectivo que rodea al útero (parametritis).
- Si la infeccin del parametrio no se controla se puede
formar un absceso (absceso parauterino).
- Trompas de Falopio (salpingitis).
- Ovarios (ooforitis).
- Peritoneo de la pelvis (peritonitis pélvica).
- Si la infección es importante, se puede formar un absceso donde están involucradas las trompas y los ovarios (absceso tubo-ovárico).

Absceso parauterino
Segunda línea de defensa
Cuando la primera línea de defensa del organismo contra infecciones genitales en el cuello del útero es traspasada por las bacterias, estas ingresan al tracto genital interno. De todas las estructuras, las trompas de Falopio son las más sensibles a la infección.
El útero es resistente porque cada 28 días expulsa todo el tejido que lo recubre durante la menstruación. Los ovarios también son resistentes, primero porque están más alejados del sitio de penetración de los “invasores”, pero también porque el organismo tiene una segunda línea de defensa contra la “invasión” y que es la siguiente.

Salida de pus por la fimbria
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Cuando las bacterias penetran en las trompas, se desarrolla una infección con producción de pus que comienza a caer en la pelvis a través del orificio abdominal de la trompa. El organismo, para evitar que se produzca una peritonitis, comienza a cerrar la “mano de la trompa” (fimbria), para limitar la caída de esa secreción.
Si la infección se controla, la trompa queda parcialmente cerrada (sactosalping), pero si progresa, la trompa se cierra por completo (hidrosalping), lo que produce un daño total de la capacidad de captar al óvulo.

Sactosalping

Hidrosalping
Tercera línea de defensa
Existe una tercera línea de defensa contra infecciones que consiste en la formación de adherencias. Las adherencias son como una “tela de araña rígida”, que una vez desarrolladas fijan las estructuras de la pelvis impidiendo su movimiento normal.
Para poder entender mejor este proceso se pudiera comparar con la guerra de trincheras de la primera guerra mundial, llegan los invasores y se forma una adherencia (trinchera), si los invasores la traspasan, se forma otra adherencia (trinchera) y así sucesivamente hasta que la invasión es controlada.
Si la batalla es corta y la gana el organismo el campo de batalla no queda muy alterado (adherencias leves), si la guerra fue intensa y prolongada, el campo de batalla queda más lesionado (adherencias severas). La batalla usualmente la gana el organismo, gracias a los antibióticos modernos, pero el campo de batalla puede quedar totalmente destruido (absceso tubo-ovárico) y las posibilidades de embarazo son nulas.
Adherencias leves
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