La intensidad del enrojecimiento sexual y las reacciones musculares, son paralelas a la intensidad del orgasmo y la mujer pierde el control voluntario de los músculos. Ella no está consciente de sus movimientos físicos que, en ocasiones, son tan violentos que provocan dolor y fatiga al día siguiente. Mientras más fuerte es el orgasmo, más se ve involucrado el cuerpo de la mujer en la liberación de tensiones funcionales y mentales. Hay contracciones involuntarias de la zona perineal, el recto y la parte baja del abdomen, así como también puede ocurrir enrojecimiento, hinchazón y expansión del tórax.
El orgasmo femenino se caracteriza por contracciones simultáneas y rítmicas del útero, de la plataforma orgásmica y del esfínter anal. Las primeras contracciones son intensas y muy seguidas, con intervalos de 0,8 segundos. A medida que progresa el orgasmo, las contracciones disminuyen en intensidad y duración y los lapsos son menos regulares.
Un orgasmo moderado puede tener entre tres y cinco contracciones, mientras que uno intenso puede tener de diez a quince. Momentáneamente, durante esta fase, puede ocurrir una distensión involuntaria de la apertura externa de la uretra, que en algunas mujeres se manifiesta con salida de orina durante o después del orgasmo.
Posiblemente hay pérdida de orina a medida que aumenta la tensión sexual, especialmente entre las mujeres que han parido y esta perdida ha hecho pensar a muchas mujeres que tienen eyaculación; sin embargo, y a pesar de ser una creencia muy difundida, la mayor parte de las mujeres no eyaculan durante el orgasmo.
El clítoris permanece retraído y no es visible porque está oculto debajo del capuchón. Las contracciones uterinas empiezan 2 a 4 segundos después de las primeras sensaciones de orgasmo y son iguales a las contracciones iniciales del trabajo de parto, que comienzan en el fondo del útero y van descendiendo hasta llegar al cuello uterino
El orgasmo es una respuesta global de todo el organismo, no sólo de la pelvis. El patrón electroencefalográfico muestra cambios marcados durante el orgasmo, ocurren contracciones musculares en diversas regiones del cuerpo y el rubor sexual alcanza su máxima intensidad y extensión.
A menudo, las mujeres describen las sensaciones iniciales de un orgasmo como un trance momentáneo, al que sigue rápidamente una sensación sumamente placentera, que suele comenzar en el clítoris y que se extiende rápidamente por la pelvis.
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Cambios en los genitales femeninos durante la fase orgásmica
En cuanto a las sensaciones físicas en los genitales, se definen con los términos de “ardiente”, “electrizante” o “cosquilleante”, sensaciones que, por lo general, se difunden por todo el cuerpo. Por último, la mayoría de las mujeres experimentan contracciones musculares en la vagina o en la parte interior de la pelvis, que se define con el término de una “vibración pélvica”.
En relación con los signos vitales, la frecuencia cardiaca se eleva más; la presión arterial continúa ascendiendo y puede alcanzar cifras tan altas como 200/120 mm de Hg, aunque esta elevación es menor que la observada en el hombre y la frecuencia respiratoria puede llegar hasta 40 respiraciones por minuto. El orgasmo masculino es único, mientras que la mujer tiene la capacidad de múltiples y variadas respuestas orgásmicas, que van a depender de las características personales.
Sumado a lo que pasa en la mujer que no está embarazada, en esta fase pueden ocurrir algunos cambios de las contracciones vaginales en las embarazadas, que no varían ni en el primero ni en el segundo trimestre de la gestación. La congestión vaginal que se establece en el tercer trimestre, impide la observación de las mismas.
Las contracciones uterinas que se producen en la fase orgásmica pueden causar un espasmo tónico en el útero con disminución de la frecuencia cardiaca fetal, fenómeno de carácter transitorio que no tiene repercusiones sobre el feto.
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