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Dado que la vivencia del placer sexual resulta, además de fisiológica, subjetiva, es lógico pensar que los factores culturales van a tener un peso importante en su experimentación. La tradición de la época victoriana hizo que las mujeres creyeran que el orgasmo era algo pecaminoso. En este contexto apareció la obra de Freud, quien afirmó que existían dos clases de orgasmo femenino: el clitórico y el vaginal. Esta afirmación, no tendría problemas si no hubiera sido porque Freud consideraba al orgasmo clitórico como un signo de inmadurez psicológica, mientras que los vaginales eran los verdaderamente sanos y maduros.
A partir de esta teoría, se creó una importante controversia sobre la naturaleza e implicaciones del orgasmo, en virtud de la cual numerosas mujeres fueron señaladas como neuróticas. En realidad, sólo un 30% a 40% de las mujeres llegan a un orgasmo coital sin otro tipo de estimulación simultánea. Estudios recientes, han demostrado que, en términos fisiológicos, sólo existe una respuesta orgásmica. El orgasmo conseguido mediante la estimulación del clítoris es indistinguible, fisiológicamente hablando, de otro conseguido a través del coito.
A pesar de esto, la idea de la existencia de dos tipos distintos de orgasmo se ha mantenido hasta nuestros días. Es cierto que desde el punto de vista subjetivo, las mujeres capaces de lograr orgasmos clitóricos y vaginales describen dos tipos de experiencias distintas.
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De hecho, entre las mujeres hay preferencias para todos los gustos. Mientras unas prefieren el orgasmo coital porque la experiencia global les resulta más satisfactoria, aunque el orgasmo sea menos intenso, otras prefieren el orgasmo clitórico, posiblemente por las ventajas que éste supone en cuanto a mayor intensidad y a no verse afectadas por las necesidades y el ritmo de su compañero sexual.
En conclusión, actualmente no se considera patológico el hecho de no alcanzar el orgasmo femenino mediante el coito; se acepta que la respuesta fisiológica es la misma, sea cual sea la vía de estimulación y el tipo de orgasmo, y se considera que ninguno de estos tipos es más maduro o inmaduro, mejor o peor que el otro.
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En esta fase, se invierten las alteraciones anatómicas y fisiológicas que ocurrieron durante las fases anteriores. En las mujeres, las contracciones musculares del orgasmo extraen la sangre de la vagina, lo que provoca la desaparición de la plataforma orgásmica.
El útero retorna a su posición de reposo, desaparece la coloración de los labios y, tanto la vagina como el clítoris, reducen su tamaño y vuelven a su posición habitual. Si en una fase anterior del ciclo las mamas se agrandaron, en esta disminuyen su tamaño y los tejidos de la areola se distienden antes que los propios pezones, dando la falsa impresión que se han vuelto a poner erectos. Durante la fase resolutiva, la estimulación del clítoris, los pezones o la vagina puede resultar desagradable.
Si la excitación ha sido intensa, pero no ha habido orgasmo, el retorno a la normalidad que ocurre en la fase resolutiva es más lento. Si bien algunos cambios ocurren rápidamente, como la desaparición de la plataforma orgásmica en la mujer y de la erección en el hombre, puede haber una persistente sensación de presión o dolor en la pelvis, a causa de la vasoconstricción no aliviada por el orgasmo, que puede crear una sensación de malestar, sobre todo si la fase de meseta fue prolongada.
El dolor testicular, conocido con el nombre de “blue balls” o “cojoneras” en los hombres, y la congestión pélvica en las mujeres, conocido con el nombre de “cangrejera”, se puede aliviar con el orgasmo u orgasmos que ocurren durante el sueño o por medio de la masturbación. Aunque las “emisiones nocturnas” en los varones son muy conocidas, también las hembras pueden tener orgasmos durante el sueño.

Cambios en los genitales femeninos durante la fase resolutiva
El enrojecimiento sexual desaparece del cuerpo en orden inverso a como apareció durante las fases de excitación y meseta. Hay pérdida de la erección de los pezones, pero las mamas regresan más lentamente al tamaño normal. En una mujer primeriza permanecen a menudo aumentados de tamaño durante 5 a 10 minutos después del orgasmo. Si la estimulación sexual no continúa o se empieza de nuevo, la tensión muscular habitualmente desaparece por completo, 5 minutos después del orgasmo. La frecuencia cardiaca, la presión arterial y la respiración también regresan a lo normal.
Aproximadamente la tercera parte de las mujeres, desarrollan una película delgada de sudor sobre el pecho, espalda, muslos y tobillos, a medida que el enrojecimiento de la piel desaparece.
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Cambios en las mamas en fase de resolución
Puede ocurrir una perspiración intensa sobre todo el cuerpo, pero en especial sobre la frente, el labio superior y las axilas. Estas reacciones no están condicionadas a la actividad física de las primeras tres fases y es proporcional a la intensidad del orgasmo.
Después que las contracciones orgásmicas de la vagina han cesado, el clítoris regresa a su posición normal a los 10 segundos, aunque la vasocongestión puede permanecer durante 5 a 10 minutos después del orgasmo y, en ocasiones, puede persistir hasta por 30 minutos. El efecto de cúpula de los dos tercios internos de la vagina, se pierde lenta e irregularmente a medida que regresa a su estado habitual. El conducto vaginal adquiere de nuevo su superficie arrugada y el tejido pierde su tonalidad oscura.
El útero, que se había elevado, regresa con rapidez a su posición habitual y las contracciones uterinas cesan. A medida que desaparece la congestión vascular, el útero regresa a su tamaño normal, aunque permanece algo aumentado durante 10 minutos en las mujeres primerizas y por 20 minutos en las multíparas. Si no ocurre el orgasmo, el aumento del tamaño uterino puede persistir hasta por 1 hora.
Los labios mayores regresan a su tamaño normal y a su posición en la línea media cubriendo en forma parcial la entrada de la vagina. Este cambio es más lento en la multípara que en la primeriza y puede no ocurrir en las grandes multíparas. La congestión de los labios mayores puede persistir por 2 a 3 horas antes que ocurra la pérdida completa de la tumefacción, sobre todo en las multíparas. Inclusive en mujeres en las que ha habido un cambio pronunciado de color, los labios menores adquieren el color rosa claro del estado previo a la excitación en menos de dos minutos, a menudo en 10 a 15 segundos.
Sumado a lo que pasa en la mujer no embarazada, en la gestante el alivio de la vasocongestión genital es más lento. En el segundo y tercer trimestre del embarazo la vasocongestión se mantiene de 10 a 15 minutos más de lo usual en las primerizas y de 30 a 45 minutos más en las multíparas. En el primer trimestre ocurre en forma similar a la no embarazada. Este retorno lento de la vasocongestión puede ocasionar una persistencia de la sensación de deseo sexual.
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